10 Historias de amor que revelan que el destino existe


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Muchas veces hemos oído frases del tipo “es el destino“ o ”el destino no se puede cambiar”, pero contadas son las ocasiones en las que hemos dado la importancia que se merecen a estas palabras.

Por eso, preparamos para ti 10 historias de amor que harán creer, incluso a los más escépticos, que algunas coincidencias no son meramente casualidades: el destino existe.

Una vez vi a una chica en una parada de autobús. Quise conocerla y me acerqué a ella. Me miró y me susurró pidiendo que llamara a una ambulancia porque estaba sintiendo que algo fallaba en su corazón. Rápidamente, llamé. La ayudé a salir de un paso peatonal subterráneo, expliqué su estado al personal de la ambulancia y les dejé mi número de teléfono. Al día siguiente, veo la llamada entrante de un número desconocido, descuelgo y oigo: “Hola, gracias por todo. Me llamo María“. Desde entonces estamos juntos.


Conocí a un chico, mi alma gemela: me leía el pensamiento terminando mis frases, cumplíamos años el mismo día. Más no se podía pedir, ideal. Empezamos a salir, un romance relámpago. Tras 4 meses de r3l4c1on, me propuso matrimonio. No le conté mucho a mi madre sobre mi pareja, él tampoco habló de mí a sus padres. Lo invité a mi casa para presentárselo a mi familia. Resultó que nuestras madres se conocían entre sí, dieron a luz juntas en el mismo hospital, hasta estaban en la misma habitación y luego perdieron el contacto. Mi futura suegra tenía poca leche en aquel momento, mi madre alimentó a mi chico con la suya. Mi hermano de leche, mi querido marido, un yerno precioso.

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Estaba en el balcón, fumando. Vivo en un s3xxto piso. Entonces vi cómo unos chicos de 16 o 17 años columpiaban a un pobre gato, que no sabía cómo escapar. Se les acerca una chica gritando: ”¡Eh, estúpidos, es que no tienen escrúpulos!” Yo, como hombre, salgo corriendo con un palo de escoba a la calle para impedir que pudieran dar una paliza a la chica. ¿Quién habría pensado que esta chiquitina llevaba 5 años practicando kickboxing? Los chicos escaparon como pudieron y nosotros llevamos ya un año saliendo juntos. Misu, nuestro nuevo gato, tampoco se queja.

A menudo, volviendo a casa del trabajo muy tarde, siempre recorría el mismo camino. Daba igual la hora, siempre me encontraba con un chico de pantalón corto con patitos amarillos que fumaba en la puerta, lloviese o luciera el sol. Parecía una especie de ritual. Con el tiempo, comenzamos a saludarnos, pero sin familiarizarnos. Un mes antes de que me despedieran, desapareció. Fui a una entrevista de trabajo y de repente lo vi, con traje y apariencia seria. Gritó que era el destino y me aceptó para el trabajo. Tres meses más tarde, me propuso matrimonio. Me regaló unos pantalones cortos iguales. Y fumamos juntos.

Una semana antes de mi boda, descubrí que mi prometido me engañaba. Inundada por la pena, decidí quemar mi vestido de novia. Caminando hacia los contenedores de basura, llorando a lágrima viva, me encontré con un chico en la misma situación. Nos entendimos sin necesidad de palabras y fuimos… directamente al Registro Civil. De camino, nos conocimos, él era bastante agradable, sorprendió con las manos en la masa a su novia también dos días antes de la boda.
En una semana, hicimos las maletas y recopilando todo el dinero que teníamos para las bodas fracasadas compramos boletos a Río. Al principio fue complicado vivir juntos, pero ahora agradezco al destino que me haya unido con este hombre único.

Cada día, a las 6.30 de la mañana voy a la universidad en un autobús verde. De un extremo de la ciudad a otra. El trayecto dura una hora y media. Y, al igual que todos los estudiantes, durante el camino duermo. Durante casi un año me quedaba dormida al hombro de un chico que iba en el asiento de al lado. Esta mañana, ¡me trajo una pequeña almohada! Con un bolsillo secreto… donde había una nota: “No sé cómo te llamas, pero eres tan hermosa durmiendo que quiero casarme contigo”.

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Este verano me caso con mi chico, cuyos vecinos son nuestros buenos vecinos en mi casa de vacaciones. Él decidió contratar como organizador de la boda a su compañero de escuela, el mismo con el que yo estudié en la universidad. Este organizador acudía a una academia de baile y bailó con la exnovia de mi hermano en una fiesta de la empresa donde trabaja mi madre. La abuela de mi futuro marido vivió en la calle de al lado. Y su mejor amigo, toda su vida vivió frente a mi casa acudiendo a las mismas tiendas que yo. Y todo esto en una gran metrópolis… Se dice que toda la gente en el mundo se conoce a través de 7 apretones de manos, pero mi chico y yo nos conocemos solo a través de uno.

Me encanta la historia sobre cómo se conocieron y empezaron a salir juntos mis padres. Estaban juntos, en compañía de amigos, cuando se presentaron. Mi madre preparó pizza y se le cayó en las manos de mi padre. La segunda vez, un mes más tarde, volvió a ocurrir lo mismo, solo que esta vez sucedió en compañía de otros amigos. A la tercera, le quemó hasta el corazón y desde entonces llevan ya 21 años juntos.

Conocí a una chica hace dos semanas. Nos enamoramos. Charlando un día, me dijo: “¿Sabes que podríamos no habernos conocido? Un día antes de nuestro primer encuentro tuve un sueño, vi un número de teléfono con una nota diciendo que tenía que llamar para conocer mi destino. Lo recordé y lo apunté, pero nunca he llamado. Y yo le dije: “Venga, vamos a llamar ahora mismo”. Ella marcó el número y ¡le salió mi nombre en su agenda de contactos!”

Hace medio año, caminando de noche por la ciudad, atravesando un puente sobre un río, observé a una chica. Estaba de pie en la barandilla del puente. Iba a saltar. Me acerqué, silenciosamente, hablé y le ofrecí invitarle una taza de té en casa. Ahora estamos planificando nuestra boda. A veces te puedes encontrar con tu destino allí, en ese justo lugar donde nunca lo esperas. El destino existe.

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